

Tuni, mi amiga, nunca deja de sorprenderme. " Quiero flamencos. Es un capricho, un placer egoísta.Como comprar esos zapatostacoaltos imposibles de usar o la carteracharoladafucsiaplateada que no combina con nada, al borde del buenmalgusto".Son preciosos. Fuimos a visitarlos con Santino. Estaban parados bellos, esbeltos en el cantero del Boulevard.
Flamencos y dinosaurios para el mundo de Pupú que crece feliz viendo a su mamá hacer maravillas con sus manos.
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